Los fondos buscan tecnología vestible (wearable)

Los fondos buscan tecnología vestible (wearable)

Fusionar la moda con la tecnología ya no será cosa de genios.  Amy Puliafito, directora de comunicación de la marca Misfit, cree que el wearable, o la tecnología vestible, pronto vivirá su mejor momento debido a la reducción de costos de los sensores y procesadores. Además, dice, cada vez más fondos de inversión están interesados en financiar a los emprendedores cuyas empresas se dedican a esta industria.

Tan sólo en 2013, en Estados Unidos, la industria recibió un financiamiento de 229 millones de dólares provenientes de fondos de venture capital, según datos de la incubadora digital Rocket Internet. Además, pasó de tener una penetración de mercado de 1 a 3% al cierre del año.

“Estamos acercándonos a la era del wearable 2.0”, dice Puliafito. “Antes, en la era del 1.0, nos preocupábamos por ver con qué tecnología podíamos desarrollar las vestimentas inteligentes, pero ahora eso ya está cubierto, ahora empezamos a fijarnos en el diseño y en la experiencia de usuario”.

En 2013 Misfit, fundada y dirigida por el estadounidense Sonny Vu,  lanzó Shine, una pulsera magnética de aspecto minimalista y brillante “para dar la apariencia de una joya”, explica Puliafito. La pulsera mide la frecuencia cardiaca de las personas y manda la información a una app que los usuarios pueden descargar en su teléfono inteligente.

La empresa recibió, a finales de 2013, una inyección de más de 15 millones de dólares por parte de los fondos Series B, Horizon Ventures, Founders Fund, Khosla Ventures, Norwest Venture Partners, OATV, Inc Tank y de Max Levchin, co fundador de PayPal.

“Lo más importante para conseguir apoyos y ampliar tu mercado es ser muy honesto sobre las limitaciones de la industria”, recomienda Amy. “Están sucediendo grandes cambios en la industria, los procesos de manufactura ahora son diferentes, pero aun así hay que reconocer que esto está en una etapa limitada”.

Otra empresa emergente de wearable es la canadiense OM Signal, cuyo primer producto es una playera que, a la altura del corazón, tiene un sensor para medir la frecuencia cardiaca y otros signos vitales. La información se envía a una app móvil y puede compartirse con otros usuarios.

“Esto es muy útil para saber si estamos muy estresados o no estamos respirando correctamente”, dice Joanna Berzowska, directora de textiles de OM Signal. “Pero también puedes saber si tu papá, por ejemplo, está a punto de tener un infarto, ya que puedes configurar la aplicación para que te llegue esa información a tu propio teléfono”.

Berzowska reconoce que el concepto suena muy futurista y está en una etapa de pruebas. “La playera ya puede pre ordenarse, pero tardaremos todavía algunos años en lanzarla”, dice.

Los siguientes diseñadores de wearable tendrán como reto mejorar los diseños, hacerlos más sencillos para el usuario y capacitar a los trabajadores en las maquiladoras y manufacturas para implementar con éxito tejidos inteligentes en las prendas.

“A mucha gente todavía le resulta poco práctico usar vestimentas tecnológicas, así que tendremos que trabajar muy duro en ello”, dice Berzowska. “Hay que emprender e innovar, sí, pero pensar en la experiencia de usuario, hacer las cosas de manera simple y fáciles de usar”.

 

Alejandro Maciel

Alejandro Maciel

Es egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Ha colaborado en medios como el semanario Frente, Reforma, La Razón de México y Expansión.



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