Los protagonistas de El Efecto Multiplicador – Eric Pérez-Grovas / Brands Club

Los protagonistas de El Efecto Multiplicador – Eric Pérez-Grovas / Brands Club

El ‘efecto multiplicador’ es la capacidad que tienen los emprendedores exitosos de influir en las próximas generaciones de creadores de empresas. Lo pueden hacer a través de inversiones, dando mentoría o simplemente siendo una figura inspiradora para quienes inician su propio negocio.

Un estudio liderado por Endeavor México, en donde también participaron PwC e IPADE, reveló quiénes son los cinco emprendedores más influyentes en el sector de tecnología en el Distrito Federal.  Con su autorización, reproducimos las entrevistas a quienes protagonizaron la etapa de crecimiento más relevante en la última década.

Eric Pérez-Grovas Aréchiga (41) fundó Brands Club en 2009. Estudió Ingeniería Industrial en el ITESM y un MBA en Stanford. Su empresa tiene actualmente 35 empleados y más de 20,000 clientes.

¿Cuál es tu origen como emprendedor?

Nací en una familia emprendedora. Mi mamá sigue siéndolo. De niño vendía sándwiches en la escuela: “Los sándwiches del Tío Eric”. No sé por qué le puse así. Con eso sacaba lana para comprarme cosas extra. Después, en la universidad, unos amigos y yo pusimos una empresa de decoración de eventos.

Hice la maestría con Marcos Galperin, fundador de Mercado Libre. Tuve la fortuna de abrir MercadoLibre en México, una experiencia extraordinaria. Después volví al mundo corporativo con la idea de no volver a ser emprendedor, por lo menos a corto plazo. Trabajé en CEMEX, en Satélites Mexicanos y en Bain & Company. Posteriormente decidí regresar al mundo emprendedor. Evalué negocios y decidí traer un modelo de Brasil, Brands Club. Era una outlet por internet donde tenía socios alemanes, brasileños y españoles. Armamos el equipo con una historia espectacular. Yo puse dinero y además era el director general de la empresa.

¿Eras socio mayoritario?

No, ese fue un problema. Arrancamos bien la empresa y creció. En sus últimos 12 meses de vida vendimos aproximadamente 25 millones de pesos. Crecíamos a tasas del 30% al 50% mensual, pero los socios brasileños compraron al resto de los socios y solo quedamos ellos y yo. Cuando los brasileños se quedaron sin dinero, y como yo no era socio mayoritario y no tenía control ni capital para mantener a la empresa en su totalidad, tuvimos que cerrarla. Después volví a traer otra empresa brasileña a México con unos socios que habían sido socios en Brands Club y también tuvimos que cerrar, pero en este caso fue de forma más ordenada y pudimos hacer las cosas bien.

¿Esto se dio en una crisis en particular?

El comercio electrónico en México siempre ha estado un paso atrás comparado con la región. Tiene que ver con la penetración de internet y acceso a métodos de pago electrónicos. Además, no había capital en México para proyectos emprendedores. Vivir dos meses sin saber si te alcanzará para pagar la nómina es durísimo, yo no se lo deseo absolutamente a nadie.

En estos proyectos, ¿tuviste la ayuda de asesores o de gente que te orientara?

La idea de tener socios extranjeros era recibir un know how y, siendo muy honesto, no fue así. Tuvimos que inventar todo aquí, de forma ineficiente, aun cuando teníamos socios extranjeros. Tampoco había tanta gente a quién preguntarle, el tema de venture capital es muy nuevo en México, extremadamente nuevo.

¿Si hubieras tenido ese apoyo, el destino de alguno de estos proyectos hubiera sido distinto?

Si lo hubiéramos estructurado legalmente distinto, sí. Algo que siempre le digo a los emprendedores es que el term sheet vale oro; es el contrato matrimonial con el inversionista, es lo que acuerdas con él en tu relación a largo plazo. Desde entonces decidí que los proyectos deben depender de mí y empecé a lanzar algunos. El primero que lancé, como miembro del Consejo e inversionista, fue Gaudena, operado por el que había sido COO en Brands Club y por el consejero logístico de la misma empresa.

¿Ellos te buscaron o los buscaste tú?

Nos buscamos mutuamente. Gaudena nació de un grupo de amigos. La empresa lleva varias rondas de capitalización gracias a la solidez de los inversionistas que entendieron y creyeron en el mercado mexicano. Después de eso me empezaron a llegar correos de emprendedores para contactarme.

¿Te buscaban como mentor o fuente de fondeo?

Como mentor, y me da un enorme gusto porque me di cuenta que estaban surgiendo emprendedores y emprendedoras mexicanas con productos muy interesantes. De ser sólo mentor decidí ser inversionista y lancé mi propio fondo de inversión, Jaguar Ventures, que nace con la idea de invertir en emprendedores mexicanos en el mundo de internet. Pero también me empezaron a buscar argentinos y españoles que entendían lo distinto que era empezar de cero a tener a alguien que los acompañara en el proceso, y por eso me buscaron para expandirse en México. Así, Jaguar Ventures se convirtió en un fondo de inversión para empresas latinoamericanas, con la condición de que México sea parte relevante de su negocio. En el pipeline de Jaguar Ventures hay tanto mexicanos como argentinos, lo cual me permite tener talento nacional y extranjero.

¿Cómo se distingue Jaguar Ventures de otros fondos de seed capital, venture capital y de fondos para empresas early stage?

Por tres cosas. Primero, especialidad; solo invierto en proyectos de internet. Segundo, tengo conocimiento de lo que es ser emprendedor. Tercero, un aspecto que tengo, sobre todo para los extranjeros, es la red. Tenemos la Asociación Mexicana de Venta Online en la cual hay gente como el director de MercadoLibre México, el director de Linio, el director de e-commerce de Walmart, el de Dafiti, etcétera. Tengo una red de contactos bastante buena que puede ser muy útil a los emprendedores.

¿Tu fuente de fondeo es mexicana?

Sí, en este momento son family offices mexicanas, pero tengo la esperanza de acceder a fondos internacionales en algún momento.

¿Cuántas inversiones has realizado?

Jaguar Ventures tiene tres inversiones con un ticket promedio de 300 mil dólares iniciales, con la idea de invertir hasta un millón o dos millones de dólares cuando se requiera apoyar con más capital.

¿Qué sacas de mentorear a empresas en las que no tienes una participación?

¡Un enorme placer! Si no fuera así, no lo haría. Me fascina y encanta, me energiza poder estar en contacto con estos chavos, lo disfruto inmensamente. Después de participar en un panel como el de tecnología de Endeavor, digo: “¡qué padre tener esta oportunidad! Me hace feliz”.

Parece que tu vehículo para darle profundidad y plenitud a la mentoría fue ser inversionista, una mezcla muy singular para estar más cerca de los emprendedores.

Sí y no. En algún punto tendré que renunciar a ser mentor cuando me convierta en inversionista de algún competidor. Además, cuando eres inversionista te metes en temas más operacionales que consumen tiempo. Tienes la presión de responderle a la gente. El dinero que invierto no es mío, es de terceros. Al final del día, mi negocio es hacer dinero para mis inversionistas, lo cual te pone en una posición difícil porque tienes que estar muy consciente de que tu relación con el emprendedor es importante, pero lo es más tu relación con el que te dio el dinero. No es fácil.

¿Qué se puede hacer para acrecentar el ecosistema emprendedor en México? ¿Cuáles son los ingredientes que faltan para hacerlo más amplio y diverso?

Más casos de éxito. A nivel capital semilla hay buenas opciones. Si eres emprendedor, tienes una buena idea y eres bueno, vas a conseguir lana para sacar un negocio. Lo que no te garantizo es si podrás seguir obteniendo capital para escalarlo. Lo que Silicon Valley tiene bien desarrollado es el escalón de rondas. México tiene rondas para el fondo semilla, como Jaguar Ventures. Existen empresas de gran potencial pero que requieren mucho capital para llegar a la rentabilidad.

¿A qué agentes alrededor del ecosistema les falta evolucionar o madurar?

Al marco legal. No es que no exista, pero en el mundo del comercio electrónico pasan fraudes en línea y el emprendedor se los come íntegros. El banco no ayuda, la autoridad tampoco. Una empresa grande absorbe la pérdida, pero un emprendedor está muy expuesto. Otro tema que le pega es el del talento digital. En todo el mundo hacen falta desarrolladores, pero en México se los llevan las grandes empresas o el mercado norteamericano.

Coincido contigo, pero hace falta el buen ejemplo del empresario. ¿Cómo se ha encargado él mismo de desprestigiarse con prácticas de comercio desleales, monopólicas y corruptas?

Los monopolios son terribles para un país, pero también entiendo que el empresario está para hacer su empresa. Acaba de salir el libro del fundador de PayPal, From Zero to One, donde dice que tú, como emprendedor, tienes que hacer tu monopolio. Google es exitoso porque tiene el monopolio de las búsquedas por internet, pero lo que pasa es que inventó su monopolio. Bill Gates hizo el monopolio de los sistemas de información. Admiro a los empresarios mexicanos que se atrevieron a salir de México para ser exitosos.