Los protagonistas de El Efecto Multiplicador – Fernando Lelo de Larrea / Fondeadora

Los protagonistas de El Efecto Multiplicador – Fernando Lelo de Larrea / Fondeadora

El ‘efecto multiplicador’ es la capacidad que tienen los emprendedores exitosos de influir en las próximas generaciones de creadores de empresas. Lo pueden hacer a través de inversiones, dando mentoría o simplemente siendo una figura inspiradora para quienes inician su propio negocio.

Un estudio liderado por Endeavor México, en donde también participaron PwC e IPADE, reveló quiénes son los cinco emprendedores más influyentes en el sector de tecnología en el Distrito Federal.  Con su autorización, reproducimos las entrevistas a quienes protagonizaron la etapa de crecimiento más relevante en la última década.

Los fundadores de Fondeadora son Fernando Lelo de Larrea (39), Federico Antoni Loaeza (39) y René Serrano Ocampo (26). La compañía comenzó a operar en 2011 y con 86,440 clientes ya tiene una presencia regional. Tiene ocho empleados, cuyo salario mensual es 20,000 pesos. Esta es la entrevista realizada a Lelo de Larrea.

¿Cómo surgió la idea de Fondeadora y cuánto ha cambiado el proyecto desde que lo concibieron?

Federico Antoni y yo comenzamos Fondeadora en 2011, junto con otro socio fundador y un pretexto muy atípico. Éramos profesores de emprendimiento en el ITAM y diseñamos un curso de expansión universitaria para lanzar emprendedores, pero dijimos: “debemos tener evidencia de un emprendimiento digital para que cuando nuestros alumnos nos cuestionen podamos decir que ya lo hemos hecho”.

La idea surgió un día en el tránsito a finales de 2010. Dijimos: “vamos a tomar una gran tendencia que esté empezando en otros lados del mundo, que no haya llegado a México y sobre esta vamos a montarnos para justificar toda nuestra metodología”. ¿Por qué no nos subimos al crowdfunding?, dijimos.

La idea empezó a tomar forma en marzo de 2011. Invitamos al equipo a Alfonso, un alumno. En 100 días debíamos pasar de tener una plataforma de fondeo colectivo a una empresa en marcha. Nos propusimos lanzarla el 15 de julio. Fue muy gratificante que dos días después de esa fecha estábamos al aire con la primera plataforma de fondeo colectivo en Latinoamérica.

¿Cuáles son las ventajas competitivas de operar localmente? ¿Hay espacio para un competidor local cuando en el mercado hay plataformas con presencia regional o global?

Sí, porque, por ejemplo, si alguien sube un proyecto de un cortometraje animado, la comunidad de animación es la primera interesada en apoyarlo. Una decisión que tomé, y fue un error, fue lanzar los proyectos más visibles y famosos para generar mucho tráfico de arranque. Cuando lanzamos teníamos un proyecto de la banda Molotov, uno del chef Enrique Olvera, otro de unos modistas famosos y uno más de gente muy conocida, pero con poca credibilidad para generar una comunidad. De los 20 proyectos con los que lanzamos la plataforma ninguno juntó ni 5%. Aprendimos con descalabros.

¿Cómo les ayudó estar cerca de las comunidades que están fondeando?
Encontramos en el bridgehead el concepto de dominar un mercado pequeñito para crecer a partir de ahí: comunidades de cineastas, cortometrajes con costos de producción muy bajos y proyectos que necesitaban 30 mil o 40 mil pesos; la gente que los conocía los fondeaba. Los primeros tres meses pasamos de tener proyectos muy visibles, donde todo el mundo se metía a la plataforma pero nadie fondeaba, a tener un primer caso de éxito, luego dos y de repente tres en una semana. Eso empezó a generar un efecto lento de bola de nieve. Los primeros seis meses tuvimos ocho proyectos fondeados; hoy fondeamos entre uno y dos diarios.

¿Por qué un inversionista participa en estos proyectos?

Lo más importante es la historia; la gente quiere estar vinculada con buenas historias. También tienes que respaldarlo con una recompensa; por ejemplo, si son documentales el fondeador aparece como productor o está en los agradecimientos. Eso funciona muy bien.

Fondeadora es una plataforma de fondeo colectivo para cuatro áreas: arte y cultura; industrias creativas; emprendimiento y tecnología; e iniciativa sociales. Cada una se comporta muy distinto. En las industrias creativas lo que más se fondea es la grabación de un disco, la producción de un concierto; en arte y cultura los proyectos son más ambiciosos; por ejemplo, fondeamos el rescate y restauración de 85 obras de Chucho Reyes que estaban en un almacén.

¿Qué garantía tienen los inversionistas de que el dinero que están dando realmente se usa para el objetivo estipulado?

Ese es uno de los grandes retos y de las críticas importantes a las plataformas una vez que alcanzan un gran tamaño. Nosotros dedicamos mucho tiempo a dar una garantía personal con nuestra propia reputación. Hablamos con los creativos y los fondeadores para asegurarnos de que cada uno reciba su recompensa; invertimos mucho tiempo en eso hasta lograr cierta reputación para que Fondeadora pudiera colocarse con credibilidad.

¿Qué cosas aprendiste que no estaban contempladas en tus cursos?

Una de ellas es formar equipos. La contratación de gente adecuada ha partido en dos la historia de Fondeadora: pasamos de juntar gente que “se la quisiera rifar”, porque no teníamos dinero para pagarles y darles equity, a contratar con toda la atención del mundo. El equipo de Fondeadora ha sido la esencia de que sea un caso de éxito.

¿Hay suficientes fuentes de financiamiento? Con los nuevos fondos de capital semilla, la iniciativa del Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM), ¿llegamos a una sobre oferta de capital?

Yo creo que el entorno de financiamiento ha cambiado radicalmente en los últimos tres años, y no necesariamente de la forma más ordenada. Hace tres años no había fondos de capital semilla, si acaso uno o dos con tickets de 100 mil a 700 mil dólares. Los proyectos de Nacional Financiera y el INADEM han hecho que salgan más. Pero, para el tamaño de la economía de México, si existen 15 fondos no es ninguna saturación.

Lo que sí siento es que la cadena no está completa porque los fondos de capital semilla deben llevar a la empresa a un nivel donde requiera una siguiente ronda, pero en esa siguiente ronda los tickets oscilan entre uno y cinco millones. Eso todavía está muy frágil. El financiamiento va desarrollándose de lo más grande a lo más pequeño y, si bien, sirve crear fondos de capital semilla, todavía no se vincula con el private equity.

Platícanos un poco de Venture Institute. ¿Qué roles juega en el ámbito académico, con Fondeadora y con el Venture Capital?

Federico Antoni y yo lanzamos Venture Institute como un proyecto educativo. Junto con Fernando Fabre y Roberto Charvel pensábamos hacer una escuela de emprendimiento. Cuando Fabre se fue a Nueva York nos quedamos solos y dijimos: “vamos a hacer un primer piloto de nuestra escuela de emprendedores en el ITAM”. Entonces tomamos una primera generación con Fondeadora y, junto con Diego Solórzano, lanzamos Carrot. Ahí nos dimos cuenta que hacía falta capital semilla, por lo que lanzamos Venture Institute, el primer fondo de capital semilla con recursos institucionales en México.

Venture Institute siempre quiso ser una escuela de emprendedores, pero lo convertimos en incubadora. Nuestra visión de Venture Capitalist nos permitió levantarlo de forma relativamente rápida. Actualmente tenemos un fondo de 40 millones de dólares en venture capital y nos hemos posicionado en las series A.

En tema de escalabilidad, ¿qué es lo que determina que en vez de cinco o seis proyectos al día sean 50 o 100?

Hay un tipping point, un tema exponencial, donde de repente algo pasa que empieza a acelerarse. Tuvimos algunos elementos de PR muy rescatados. Uno fue Paloma Noyola que salió en la portada de la revista Wired, lo cual nos dio mucha visibilidad, pero en realidad se trata de tener una clientela. Hace tiempo, Diego Luna y Gael García subieron un proyecto de Ambulante a Kickstarter y no llegaron ni al 10%. Ahora lo estamos montando en Fondeadora. ¿Y por qué funcionaría con nosotros? Porque aquí hay vinculación nacional, mientras que esas historias se pierden en Estados Unidos.

¿Qué sigue en estas plataformas? ¿Cómo las ves para levantar equity?

Esa es una pregunta clave. Nosotros, por nuestra participación en Fondeadora, nos hemos metido muy de lleno al tema y fundamos la Asociación Latinoamericana de Fondeo Colectivo. Estamos muy metidos en la regulación y el lobbying para asegurarnos que las reglas son las adecuadas. Las conversaciones que tenemos con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores son de “esto va a pasar con tu participación o por fuera, y de repente vas a tener que regular algo gigante, así que mejor vamos a trabajarlo desde ahora”.

Una tendencia que a mí me parece la más interesante hoy en día en México es la de fondeo colectivo de real estate porque domina la parte de inversión; es un gran crowding out de inversiones en Venture Capital y los retornos siguen siendo muy buenos. Pero le tengo miedo al crowdfunding equity puro, ese de “vamos a financiar una start-up entre micro ángeles poniendo cada quien 200 dólares”. Se presta mucho a fraudes.