Los protagonistas de El Efecto Multiplicador – Silvanna, Juan y Andrés / BLUEMESSAGING

Los protagonistas de El Efecto Multiplicador – Silvanna, Juan y Andrés  / BLUEMESSAGING

El ‘efecto multiplicador’ es la capacidad que tienen los emprendedores exitosos de influir en las próximas generaciones de creadores de empresas. Lo pueden hacer a través de inversiones, dando mentoría o simplemente siendo una figura inspiradora para quienes inician su propio negocio.

Un estudio liderado por Endeavor México, en donde también participaron PwC e IPADE, reveló quiénes son los cinco emprendedores más influyentes en el sector de tecnología en el Distrito Federal. Con su autorización, reproducimos las entrevistas a quienes protagonizaron la etapa de crecimiento más relevante en la última década.

Juan Vera González (44), Andrés Camilo Rodríguez (44) y Silvanna Valencia Bettaglio (34) fundaron Bluemessaging en 2009. Juan y Andrés Camilo nacieron en Cali, Colombia. Silvanna nació en San Salvador, El Salvador. Su compañía tiene 200 clientes y cuenta con presencia en México, E.U. y Colombia. Tienen 52 empleados, cuyo salario promedio es 45,000 pesos mensuales.

¿Cómo llegaron a México?
AR: Juan y yo somos amigos desde los 12 años de edad, vivíamos en el mismo condominio en Cali, Colombia. Después de que nos graduamos de la universidad creamos una empresa de software que prestaba servicios de Customer Relationship Management (CRM) a constructoras, aunque en ese momento no se le llamaba CRM. Pero la empresa fracasó porque en 1996 Colombia entró en crisis y gran parte de las constructoras quebraron. Desaparecieron nuestros clientes y nosotros junto con ellos. Cerramos la empresa en 1997.

¿Qué obtuvieron de esta primera experiencia?
AR: Dinero no. Obtuvimos deudas. Pero yo creo que aprendimos a tener perseverancia. Lo que más necesitas es estar al pendien- te. Persistimos mucho en ese proceso que duró dos años. Yo saqué mucho aprendizaje de cómo resolver problemas y cómo separar lo personal de los negocios. Cuando cerramos la empresa Juan puso otra, y en 1997 yo me fui a hacer una maestría en la Universidad de Stanford. Ahí, mis inquietudes académicas se inclinaron hacia la inteligencia artificial y me quedé trabajan- do durante 10 años en el Instituto de Investigación de Stanford. En ese proceso conocí a mi esposa, que es mexicana, y esta- ba haciendo un doctorado en educación, también en Stanford. Después a ella le hicieron una oferta para trabajar en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y nos vinimos a México.

JV: En mi caso, las opciones eran ponerme a trabajar o tener una empresa. Tuve la suerte de que unos amigos estaban arrancando Sysgold, una compañía de soluciones de aplicaciones móviles. Me preguntaron si me interesaba estar con ellos y me convertí en uno de los cuatro cofundadores. Cuando en 2008 me reencontré con Andrés nos salimos de nuestros trabajos y en 2010 decidimos formar BlueMessaging, aunque desde 2009 teníamos una parte preoperativa. Creo que somos muy complementarios: yo en la parte comercial y Andrés en la técnica. Además, tuvimos la oportunidad de volver a encontrarnos y decir: “si no es ahora, nunca”. Andrés me empezó a contar sobre conceptos de inteligencia artificial y yo a hablar del tema de movilidad. Desde 2008 comenzamos a sacar ideas y en 2009 experimentos. Todo el tiempo era rebotar ideas, experimentar e investigar. No sabíamos hacia dónde íbamos, solo decíamos: “a ver qué sale de aquí”. Dedicábamos todas las noches y los fines de semana a este proceso.

¿Cuándo se dieron cuenta de que tenían algo vendible?
JV: Como un año y medio después. En 2009 hicimos varios experimentos con clientes: algunas campañas de marketing digital y de recolección de datos en campo; pensábamos que ahí podía haber algo. Llegó un momento en el que hacer nuestro trabajo donde estábamos contratados y las actividades que estábamos experimentado era muy demandante, por ello en 2009 decidimos renunciar a nuestros trabajos y conseguir capital para financiar la operación de la empresa. Tuvimos la buena suerte de contar con clientes grandes y desde el primer año fuimos rentables. Teníamos tres cosas muy claras: que el primer año lo íbamos a fondear nosotros, que no teníamos idea de cómo manejar la plata (y para eso trajimos a Silvana, que es nuestra tercera cofundadora) y que teníamos que ser rentables el primer año, porque en experiencias anteriores y en otras empresas nos vimos con una alta dependencia de inversionistas externos.

¿Su negocio es hacer inteligencia artificial?
AR: Nosotros ponemos un motor de inteligencia artificial a funcionar al servicio de una empresa, de tal manera que la compañía pueda responderle a sus consumidores o hacerles recomendaciones a través de un robot con la base de conocimientos de la empresa. Es bastante difícil, pero básicamente es un programa en una computadora que sea capaz de generar procesos que normalmente solo suceden a través de humanos. Es inteligencia, solo que, en vez de que suceda en un cerebro se da en una máquina. Hay muchas ramas de la inteligencia artificial, las nuestras son machine learning y reconocimiento de lenguaje natural. Para 2016 esperamos vender más de 15 millones de dólares.

¿Cómo hicieron para atraer talento?
JV: Ese tema es crucial. Para el talento técnico lo que ofrecemos en la empresa es muy atractivo. Pero reclutar a un senior manager, con 16 años de experiencia, o traer a un senior consultant de BCG es otro tema. Para atraerlos tuvimos que inspirarlos con la visión que teníamos de la compañía y ser abiertos y transparentes sobre a dónde queríamos llegar, además les ofrecimos participación accionaria.
AR: Yo sentía que no íbamos a ser capaces de escalar a ningún nivel, porque nuestro foco y tiempos estaban partidos. Tomamos la decisión de tener a gente que supiera y contratamos a un mentor de Endeavor para que nos ayudara a conseguir a esa gente que potencializara nuestra empresa. Fue muy relevante nuestro Consejo de Endeavor. Cuando hablábamos de cómo escalar, nos veían preocupados. Llegamos con siete, ocho situaciones complicadas y les decíamos: “tenemos un problema de delivery. Ellos nos comentaban: “no tienen un problema de delivery, es de gente, necesitan alguien que les facilite el delivery para que ya no lo hagan ustedes”.

Ustedes se han acoplado muy bien y han sabido integrar a otros socios de una forma muy natural. ¿Cuál es el secreto para tener sociedades sólidas?

JV: La verdad no me había puesto a pensar en eso. Yo le doy mucho valor a compartir una visión a futuro, un propósito que sea común para las personas. Que todos estén alineados e interesados en esa visión.

¿Discuten entre ustedes, se permiten marcar diferencias?

AR: Totalmente, somos súper antagónicos. La gente cree que estamos peleando, pero solo nos divertimos discutiendo las ideas del otro. Nadie tiene que estar de acuerdo, ni nuestro staff. Para lograr que alguien se suba al barco tiene que saber de qué se trata, qué barco es. Si le pintas algo a un barco que no es, a los seis meses se va a dar cuenta y se va.

¿Han invertido en otra empresa fuera de BlueMessaging?

AR: Uno de los socios que yo tenía en Jump Time tiene una idea que me parece absolutamente fenomenal y la estamos incubando. Se llama Favorite, una aplicación móvil que es como un cru- ce entre Foursquare y Yelp donde puedes guardar tus lugares favoritos y compartirlo con amigos en una red social. Parte de los ingenieros de la empresa están dentro de BlueMessaging, es decir, están incubados dentro de nuestra compañía. Les damos conocimiento técnico, infraestructura, les pagamos un salario y tenemos todas las empresas armadas para pagar a los ingenie- ros. Desde hace seis meses Silvana, Juan y yo estamos invirtien- do. Tenemos aproximadamente el 15% de las acciones. También pensamos invertir en otra empresa mexicana.

¿Otros compañeros de la universidad también emprendieron o ustedes eran un caso raro?

AR: El emprendimiento se ha puesto de moda. En ese entonces, para nada. Lo más fashion era hacer una carrera corporativa. Nuestro caso era raro. Fue influencia familiar y curiosidad. Mi papá fue emprendedor y tengo dos hermanos emprendedores.

Juan ¿también tu familia es emprendedora?

JV: No. Para mí el tema del emprendimiento fue algo muy natural; siempre hice emprendimientos desde niño. Era un poquito el “bicho raro”. Hice otros emprendimientos con Andrés: vendíamos ropa, fuimos editores de una revista de publicidad; también fui empresario de conciertos.

¿Quién te inspiró?

JV: Todo fue fluyendo, se aparecieron las oportunidades y las fui tomando, siempre me fue fácil estructurar las cosas. Emprender ahora se ha puesto de moda; de alguna manera, tal vez gracias a Silicon Valley. Algo que nos falta en México es tener casos de éxito, e inclusive no solo tenerlos, sino que se publiciten.

¿También son mentores?

JV: Sí, y muy activos. Estamos en Endeavor en temas de tecnología y también en Naranya Labs y Victoria 147. Nos interesa mucho apoyar a empresas como nosotros. A mí me hubiera encantado que alguien lo hubiera hecho conmigo. No soy religioso, pero me gusta mucho una frase de Francisco de Asís: “Como das, recibes”. Y creo que sí es cierto. Simplemente das y no sabes cuándo se te va a regresar. He recibido mucho, y creo que es por lo mismo.

¿Ya están en esa fase de expansión buscando inversionistas?

AR: Sí. Estamos comenzando a asegurarnos que toda nuestra información esté en un estado presentable. Queremos que en los próximos 10 años, a través de nuestra plataforma tengamos más de un millón de conversaciones entre marcas y usuarios. Queremos hacer esas conversaciones muy simples.